domingo, 6 de noviembre de 2011

"España Negra", patrulleros del periodismo de sucesos

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Emana un tufillo como si estuviera fermentando el rechazo a los sucesos como género periodístico. Como si el pedigrí del reportero que rastrea entre asesinatos, violaciones o secuestros no alcanzara el nivel de su compañero que se pavonea entre políticos. Como si fuera cosa menor, que debiera importar menos a la gente que lo que Rajoy y Rubalcaba han convenido declarar esta noche. Como si quedara reducido al puro morbo informativo. Lo olía ya en la facultad y lo huelo a diario entre quienes se espantan de que entre lo más leído de los medios digitales tiendan a colarse los sucesos, pese a que sufren un baile entre secciones del todo injusto.

España Negra, un libro coordinado por el inspector jefe de la Policía Nacional Rafael Jiménez, viene a demostrar que contamos con una hornada de patrulleros de la información que se menean con ojo entre las bambalinas de las pesquisas policiales y maniobran con solvencia en el trato con investigadores, víctimas y verdugos, con los secretos sumariales, con los silencios y las mentiras interesadas. Y todo lo narran en doce capítulos -de los que he leído ocho- de ímpetu novelesco gracias a un espacio generoso frente al que a menudo les niegan por la escasez del papel y por la supremacía de la agenda que dicta el eje Génova-Ferraz.

Cada relato, de entre treinta y cincuenta páginas, engancha y absorbe. La agilidad de la narración, el interés por los hechos y el garbo con el que están redactados impiden posponer su lectura hasta resuelto el caso. Sucede así con el primero que el propio Rafael Jiménez escribe sobre "los silencios de Alba", la niña de cinco años que a punto estuvo de morir por una paliza paterna. Jiménez, también jefe del gabinete de prensa de la Policía Nacional en Cataluña e investigador del asunto, encabeza un libro que siguen periodistas de El Mundo, ABC, Interviú o TVE, entre otros.

Cruz Morcillo recuerda el robo en casa de Esther Koplowitz con Cásper como comandante de los delincuentes. Y lo hace con la habilidad de quien se contonea entre los mafiosos como si cerrara tratos diarios con vores v zakones. Otra mujer, Mavi Doñate, viaja de Murcia a Galicia por los túneles de la prostitución de jóvenes rumanas como Roxana Illianivich, de 16 años, en una operación contra los proxenetas Lucian Mihai Ispas o Ceasu.

Manuel Marlasca lidia con las nauseabundas prácticas de monstruos como Nanysex, capaces de vejar a niños de apenas dos años. De su narración surge el aplauso a la Brigada de Información Tecnológica que persigue a quienes se parapetan en internet para camuflar sus repugnantes preferencias sexuales por críos que casi ni hablan. Mientras, Luis Rendueles aborda el caso de Socorro da Silva: la desafortunada historia de una mujer brasileña que viajó a España para conocer a su cibernovio y acabó asesinada por Ramón el de Ribadavia, cliente de los polvos que Socorro, convertida en Kelly, se vio obligada a echar. De su desaparición poco comentaron los medios de comunicación, centrados en enero de 2009 en dar con el cadáver de una aún desconocida Marta del Castillo.

Del secuestro de Rafael Ávila en Huelva, la música que le torturó en su cautiverio y las cabinas y llamadas telefónicas que delataron a sus captores habla Jesús Duva. Pere Ríos y Xiana Siccardi se encargan de los terroristas de ETA: de la noche del 21 de noviembre de 2000 en la que mataron a Lluch y del comando Madrid de los ochenta, con De Juan Chaos, Idoia López Riaño, Antonio Troitiño y Soares Gamboa.

Ella rememora su vida clandestina y sus "ekintzas", nombre con el que se referían a sus matanzas; la intención de liquidar al Rey en la zona de Ópera o a Pedro J. Ramírez antes de un partido de ACB entre Joventut y Estudiantes; el atentado en la calle Juan Bravo contra un microbús de la Guardia Civil, cuando a escasos metros de la Clínica Nuestra Señora del Rosario colocaron un Seat 124 que reventó un quirófano donde quince minutos había nacido un bebé.

Un comando que atentó en la plaza República Dominicana contra un autocar Pegaso que trasladaba a los alumnos de la Academia de Tráfico de la Guardia Civil y mató a 12 agentes. Que bombardeó con granadas anticarro la fachada del Ministerio de Defensa. Que se escurría escondido entre los pisos francos de la calle Río Ulla, del primero derecha del número 11 de la calle Carranza, del segundo del 23 de la calle Alcántara o del garaje del 165 de la calle Sambara.

Y si después de este aperitivo no te decides a leer España Negra es que no te gustan los sucesos... Al menos, déjanos leerlos a otros. Y permite que haya periodistas que combatan con su trabajo diario el tufillo de los estereotipos y de las malas prácticas en el oficio.

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