lunes, 22 de agosto de 2011

Oraciones, ligues y sacos de dormir [versión original]

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Hoy publico una crónica en ABC sobre la noche de los peregrinos de la JMJ en Cuatro Vientos. Cuelgo aquí la versión original, sin edición externa, tal y como salió de mi ordenador:

Oraciones, ligues y sacos de dormir


Miles de jóvenes convierten Cuatro Vientos en un campamento nocturno de la fe


Los 14,2 gramos de hidratos de carbono que aporta el cóctel de cacahuetes fritos y salados permite, a partes iguales, rezar y cantar hasta altas horas de la madrugada. La bolsa vacía de estos frutos secos "sin cáscara" es pisoteada por quienes entran en Cuatro Vientos para asistir a la vigilia de la JMJ. Unos muslitos de pollo algo fríos envueltos en papel de aluminio, ensaladas de pasta poco frescas y mucha agua también forman parte del manjar que distintos peregrinos se llevan a la boca. Y en vista de lo animados que están después de tantas horas, los que duermen han debido de comer otra cosa.


La noche en el aeródromo es de baile, de oración, de trabajo, de conversación y de sueño. Depende de la zona del recinto a la que mires. Sumido en penumbra, es un campo de semillas que Benedicto XVI ha sembrado para que crezcan firmes y arraigadas en la fe. El Papa, admirado por cómo la multitud de jóvenes soportó el intenso aguacero que acompañó a su discurso, les ha animado: "Vuestra fuerza es mayor que la lluvia".

Las sombras descansan al raso. El Pontífice les ha pedido que intenten dormir... regresará por la mañana para oficiar misa. Algunos siguen su consejo. Otros corretean o esperan su turno para recoger el picnic. Ir al baño, aunque hay cientos de retretes, es complicado. Es recomendable olvidarse de las prisas y no acudir con urgencias que no puedan posponerse unos minutos.

La fiesta en Cuatro Vientos es internacional. Un grupo de tanzanos cruza los cultivos de sacos de dormir. No cantan una nana, sino el "Hakuna Matata" al ritmo de sus bongos. Varios mexicanos se divierten con coreografías: "Que lo diga todo el mundo, ¿quién es el melonero?". "Somos adictos al Papa Benedicto", presume otra pandilla que se resiste a bostezar.

A la una, la mayor fiesta está en el F4. "Yo soy español, español, español", celebran. Y bota una bandera cubana. No tardan en unirse una de Colombia, de Estados Unidos y hasta una argentina, aunque el cántico recuerda ahora que España ganó el último Mundial de fútbol. "Esto parece un macrobotellón", se escucha decir a un chico que camina hacia "el mogollón". Pero no se ven borrachos ni más alcohol que unas cervezas.

Adoración al Santísimo

Varios peregrinos apuran unas cuantas latas alrededor del bar. Cartas, guitarras, charlas pendientes... En el sector D8 hay tiempo para ligar. Unos adolescentes se entregan al amor veraniego. El acento les delata y la bandera a sus espaldas lo confirma: son italianos. Ellas, españolas. Otros cuatro muchachos intercambian números de teléfono entre risas. Una de ellas lo teclea en su móvil mientras idea cómo volver a su zona "sin que me vea la monja". Las sirenas de ambulancias suenan entre los cánticos y las voces de los que se arrodillan para adorar a Cristo.

En la quincena de capillas que rodean el perímetro se expone el Santísimo. Ante el sagrario, cientos de jóvenes prosiguen la adoración que Benedicto XVI realizó antes frente a la Custodia de la Catedral de Toledo. Un sacerdote, por cuya túnica asoman las zapatillas de deporte, confiesa a cuantos se acercan. Se redimen culpas en cualquier rincón.

La tormenta que cayó en la vigilia ha obligado a inspeccionar varias carpas que funcionan como oratorios. En algunas —la nueve y diez, por ejemplo—  han quitado la lona del techo. Están precintadas por la Policía, pero los fieles prosiguen con la oración detrás de la cinta. Muchos duermen alrededor. Quizá sueñen con esos tres segundos en los que el Papamóvil cruzó frente a ellos o con la mirada del Cristo de aquel paso en el Vía Crucis. Quizá resuenen todavía las palabras del Papa en las que les anima a ser "valientes". O quizá el cansancio les impida soñar.

Una valla divide el aeródromo. Aunque tras ella estaba previsto que se alojaran los no acreditados, las previsiones se han desbordado, han tenido que entrar peregrinos en ese sector y no hay puestos para recoger la cena. Decenas de voluntarios les acercan bolsas con comida. Furgones policiales vigilan. "Parece la frontera entre México y Estados Unidos", bromea una mexicana sin perder la paciencia,

El tiempo de espera en los urinarios ha bajado. Apenas hay colas. Ahora se han trasladado a un autobús donde se carga la batería del móvil... mientras se pedalea en una bicicleta. "Yo lo tenía al 12 por ciento y ha subido enseguida", vocifera una joven hacia las tres de la madrugada. Sale un camión de mercancía en Cuatro Vientos, entran varios que recogen basura, despega un helicóptero. La actividad no se detiene ni un segundo a lo largo de la noche en este campamento de la fe.

Una segunda bolsa de cóctel, esta sin abrir, espera en el suelo una nueva JMJ. Será en 2013.
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martes, 9 de agosto de 2011

Esta tarde se casa mi niña...

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Entre las muchas canciones que escuchamos juntos a bordo de la furgoneta, en las semanas que han precedido a la boda he recordado una. Yo era entonces un niño, pero hoy soy el padrino. El destino me ha querido regalar un privilegio que le correspondía a él. Diez años después de su muerte, he sido yo el que te ha acompañado de mi brazo al altar, pero ha sido su reloj, que hoy cuelga de mi muñeca, el que ha marcado los tiempos, el que ha puesto los segundos y los minutos con sus manecillas.

Decía que he venido recordando una canción que escuchaba cuando, de niño, iba y venía con mi padre, con el tuyo, tantos fines de semana de aquí para allá como copiloto. Sé que si él viviera hoy, también se habría acordado de ella. Son de esas cosas que se comentan en conversaciones de un padre con su hijo, que ni era aún adolescente, sobre el lejano día “en que se case alguna de tus hermanas”...

 

Hoy se ha casado la primera. Seguro que él habría escuchado entonces de nuevos aquello que compuso Ecos del Rocío, uno de sus grupos favoritos, y que decía: Esta tarde se casa mi niña, yo no sé si reírme o llorar. Yo, que escribo mejor que canto, hace algunas noches hilvané estas palabras con los versos del tema de estos cantantes andaluces, en el que un padre vive la boda de su hija:

Esta noche no sé si dormirme o sentarme un ratito a esperar
o sentarme un ratito a esperar
o pedirle mil veces a la Virgen (a la de las Angustias, añado yo)
que sin mí no le falta de ná

Miraba el padre al cuarto de su hija, como seguro que él hoy ha mirado desde algún lugar a San Pablo, donde, decía la canción, hasta el cura ha encendido otra vela cuando ha visto lo guapa que está.

Y el padre, papá, buscaba entonces a su esposa. Y cantaba Ecos del Rocío:

A su madre no la encuentro dejala que razones tendrá
para volverse a su cuarto un momento
no sabrá si reírse o llorar
está loca con el casamiento


Terminaba la canción, y termino yo también con ello, con una referencia del padre al novio:

Esta tarde no se qué decirle (a ti, Julio) cuando venga a abrazarme el chaval
Puede que le diga que si ha dicho que “sí” en el altar, que la quiera como el primer día
y si no que la vuelva a dejar como siempre a la verita mía 
O será suficiente el abrazo por la vida que van a empezar, por la vida que van a empezar
Y brindar con un golpe de vasos
porque en casa ya hay uno más


Ahí va, pues mi brindis:

Por Leti y por Julio, por la vida que hoy confirman, porque vea Salamanca, como nosotros la vemos hoy desde este comedor, muchos años de amor y felicidad. Y porque los sobrinos que vengan sean de la Unión…y semanasanteros. Pero de eso, llegado el momento, ya se encargará el tío.

¡Por Leti y Julio!
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