domingo, 10 de julio de 2011

SMyP - Telecinco, Plàcid y una paloma

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Silbato: Telecinco se ha pasado de la raya

Telecinco tiende a jugar en el límite, como los buenos carrileros que conducen el balón al borde de la línea. El riesgo está en pasarte de la raya. El jueves lo hizo, en la misma semana en que estrenaba la TV movie del 11-M, avalada por la crítica como un trabajo digno y serio

Ahora, como escribía ayer en Twitter un antiguo profesor, "cierta cadena de TV critica la telebasura que ella misma lleva poniendo en práctica desde que nació". Aunque no suscribo la afirmación al cien por cien, no hay que ser un lince para saber que Aída Nízar no debería estar en televisión. Ni siquiera deberíamos asociar ese nombre y apellidos a un personaje.

Por si no fuera suficiente la sinvergonzonería con la que hace algunos años trató a un discapacitado en Crónicas Marcianas, hubo a quien se le ocurrió repescarla para esta edición de Supervivientes. La audiencia no tardó en echarla (en su edición de GH fue también la primera expulsada, por algo será). Sin embargo, la organización optó por recuperarla y llevarla a la isla para que un concursante tuviera que vivir al raso con ella. Un castigo decían.

La agraciada fue Rosa Benito, que desconoce la situación de su cuñado Ortega Cano en España. No hay que atar muchos cabos para imaginar que Aída podría tramar algo al respecto. Y tampoco cuesta creer que por mucho que ahora finjan rasgarse las vestiduras, haya más de un programador eufórico con ese estratosférico 33 por ciento de share


Para colmo, se atreven a preguntar en su web a la audiencia si la susodicha debería abandonar la televisión. El 90 por ciento cree que sí. ¿A qué esperas, Vasile?

Mechero: con ustedes, Plàcid Garcia-Planas

Las primeras líneas de sus reportajes son tan fugaces como la llama del mechero.

Y, sin embargo, su efecto, como el del fuego, puede propagarse en el tiempo. Me ha contado Jaime, que en las últimas semanas se ha escrito mucho con él y comparte sus consejos, que es una técnica con la que ha llegado a obsesionarle. También mima los cierres.

 El travesti de uno de los reportajes de Plácid / Guillermo Cervera

Plàcid Garcia-Planas fue una de las últimas visitas del Máster de ABC. Quizás por eso, por llegar en el furgón de cola, no lo aprecié en su justa medida. Ahora disfruto con ganas los últimos reportajes recopilados en Jazz en el despacho de Hitler, que me ha prestado Jaime. Escribir una reseña sobre el libro empeoraría su contenido. Sólo os recomendaré leerlo.

Postre: un relato infantil de palomas

Leía esta semana que las palomas nunca olvidan una cara. Hubo un tiempo en que yo no les tenía tanta manía. Sólo así, con la inocencia de la infancia como telón de fondo, se entiende ahora el relato que le dediqué cuando no superaba el metro veinte de altura.

De eso hará unos catorce años y guardo un cuaderno cuadriculado con nueve cuentos que yo mismo escribí de pequeño. Como postre, esta semana he decidido traer hoy aquí uno con las peripecias que viví una tarde con la Señora María, una anciana vecina vestida de oscuro que cada tarde cruzaba la puerta de mi salón para charlar con mi madre.

Leédlo como lo haríais si fuerais niños...

Aurora

Esto empezó la tarde del día 25 de agosto, lunes. Mi vecina, como todos los días se fue a dar un paseo hasta el "PRYCA". Allí se encontró una paloma herida. Fue al guardia y le dijo:

- Por favor, señor guardia, ¿podría darme un poquito de esparadrapo?

El guardia enseguida la llevó a una puerta roja y allí le dieron el esparadrapo que había pedido y además dos tiritas.

Después el guardia le dijo: desde luego señora, que humana es usted.

Una vez curada la palama [paloma], una señora le dijo a mi vecina:

- Ahora que está curada me la llevo yo.
- De eso nada. Yo la he encontrado, la he curado y yo me la llevo —contestó mi vecina.

Luego se la dejó a una amiga y entró al pryca a comprar [y] emprendió su viaje de vuelta a casa. Una vez que llegó a casa, llamó a mi timbre y le dijo a mi madre:

- Marisa vamos a curarle la patita.
- Yo no, a mí me da mucho asco.

Entonces me ofrecí yo voluntario.

Una vez que entramos la curamos, la [le] dimos arroz y agua. La llamamos Aurora. A la mañana siguiente yo la [le, se veía que de pequeño era algo laísta] compré gusanitos.

El tiempo pasó hasta el viernes tarde-noche, al entrar en casa de mi vecina nos encontramos a Aurora encima de la encimera.

Entre los dos decidimos que a la mañana siguiente habría que soltarla. Al día siguiente, la atamos en un ala un papel en que ponía Sra. María y Abraham y por detrás Aurora.

La llevamos a mi balcón y la pusimos en la barandilla pero no volaba, la pusimos en el suelo y le dijimos adiós, porque salió volando. Bajamos a la calle y preguntamos a unos chicos que si la habían visto y nos dijeron que se había ido volando hacia abajo.

Yo la vi meterse en un balcón y me dije: "que sea lo que Dios quiera". En el pryca la [le] preguntaron por la paloma y le dijeron que tenía que haberla llevado allí al pryca, porque así se acordaría del camino a casa. Pero la señora que le pidió la paloma no la [le] habla.

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