miércoles, 6 de julio de 2011

En pro de la gente corriente

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Anoche imaginé que todos íbamos a misa los domingos. Que comprábamos el mismo periódico y algunos, además, lo leían de cabo a rabo. Que el despertador sonaba con la misma alarma y cada llamada repetía idéntica melodía. No había ni siquiera marcas de papel higiénico.

A todos nos interesaba lo que sucedía en Siria, estábamos al tanto de cada avance en la investigación del caso Faisán y el EREgate y hasta conocíamos -sí, todos- a José Antonio Monago, faltaría más. Imaginé que no había exposición itinerante que no visitáramos, ni sala de teatro alternativo que no se llenara con cada nuevo estreno. Nadie veía Telecinco, ni leía Pronto, ni por supuesto escuchaba reggaeton. ¿Quién es ese Don Omar?

Tal panorama me aburrió tanto que me dormí. Casi me había espantado al fantasear con que en las peluquerías no se hablase de la Esteban y solo fuera motivo recurrente de conversación que Michelle Bachelet es la nueva jefe de Bibiana Aído. ¡Menudo braguetazo, digo bragatazo! Si ni los hombretones hablaban ya de tetas, sino de primas de riesgo...


Todo esta hilera de chorradas viene al caso porque, no sin frecuencia, tendemos a partinos la camisa para criticar a esta sociedad nuestra que parece no estar interesada en las cosas que a los periódicos les gustaría (y por lo que a veces leo en Twitter y escucho en conversaciones con colegas, también a los periodistas). No defiendo que tenga que ser la "cultura Torrente" la que impere (me exilio a Marte entonces) pero tampoco que todo gire en las capas de lo más político-económico-cultural revestido de una patina de ¿intelectualoidismo?

Sólo quería recordar que existe la gente corriente...

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