martes, 14 de junio de 2011

Un varal que ruboriza

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Lo sucedido ayer en El Rocío debería servir para reflexionar. La Virgen tuvo que regresar antes a su templo por la ruptura de uno de los varales -el delantero derecho- del pequeño paso en el que surca las marismas cuando termina la Pascua. Fue la procesión más corta de su historia, cuentan los cronistas. A la suspensión del desfile le siguieron las lágrimas de los peregrinos, mitad decepción, mitad lamento. Se pregunta Jaime González en la quinta página de ABC por qué ocurrió. Pero lo extraño, en mi opinión, es que no se hubiera roto algún varal más.



Sin sueño de madrugada, presencié -gracias a Canal Sur, envidia de televisión autonómica para estos asuntos- los minutos previos al instante en que los almonteños saltan la reja que custodia a la talla mariana para aferrarse a uno de los banzos o a trozo alguno que quede libre donde agarrar la mano para participar en la salida de la Virgen rumbo a las marisma. Yo, libre de sospecha por ser entusiasta de la religiosidad popular, traté de buscar argumentos que justificaran, con un mínimo de raciocinio, aquel espectáculo que en algo me ruborizaba.

He dado con un artículo de Carlos Colón en Diario de Sevilla, en el que afirma que "almonteños y rocieros que ven con preocupación los excesos que se dan en los últimos años. Nadie los deplora más, ni lucha más contra ellos, que los almonteños que saben sentir y hacer las cosas. Pero ¿cuánta gente sabe hoy sentir y hacer en lo que a las fiestas religiosas populares se refiere? Para lo bueno y para lo malo son espejo de su tiempo".

No soy partidario de que el clero meta mano en asuntos cofradieros de una religiosidad popular con mucho de sentimiento. Experimentos pasados han demostrado en muchas ocasiones que a más teología, menos tacto para tratar con los fieles en esta materia. Pero alguien tiene que ponerle puertas al campo en el asunto del Rocío, más cuando se relee el párrafo anterior.

«Son muy jóvenes, los veteranos no se han querido meter este año y los que están no tienen experiencia alguna». Así transcribe Javier Azcárate en ABC Sevilla las declaraciones de "un longevo almonteño acostumbrado a estas lides [de la saltar la reja] desde su juventud". Pues que alguien les enseñe. Formación para desasnar y combatir los excesos.

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