martes, 22 de marzo de 2011

La lección de Juan Manuel de Prada

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Da titulares a manos llenas, muy manipulables fuera de contexto. Para evitarlo, me abstendré de reproducirlos. Muchas de sus declaraciones podrían ser trending topics en pocos minutos. Parece no importarle. Es Juan Manuel de Prada, dice que un nostálgico del periodismo de antes, que esta tarde ha charlado con nosotros en el Máster de ABC durante hora y media.
* De Prada, durante su visita el Máster de ABC. Foto: LP


Hablamos de autocensura. Él se la impone cuando, por ejemplo, no habla del rey Juan Carlos en sus columnas, una práctica que "es buena mientras mantengas tu personalidad". Si no la hubiera utilizado, James Joyce habría inundado de caca el Ulises, asegura De Prada.

Pero he prometido que no voy a dar titulares, aunque De Prada abogue por "periódicos llenos de letra y casi sin fotos", a contracorriente de la tendencia actual; considere que "la democracia de hoy no se entiende como una forma de gobierno, sino como una religión"; opine que "la inflación política está hecha para entontecer a la gente"; o crea que ésta "no entiende la ironía". Que no, que no los voy a dar, aunque me quede con las ganas.

Donde quería llegar es a la pregunta que yo le he formulado, sobre si no sería conveniente que sean los medios conservadores, más afines a instituciones como la Corona o la Iglesia, quienes más criticaran a estas instituciones. Al ser el emisor partidario de ambas, cabe la posibilidad de que sus lectores pudieran entender el razonamiento como sincero por estar limpio de prejuicios (o, al menos, menos sucio) y lo aceptaran con mayor autocrítica.

De Prada me ha callado con dos argumentos: sus últimos artículos en ABC en los que, afirma, ha criticado a la Iglesia. En evidencia ha quedado que no soy su asiduo lector (y lo digo sin acritud), pero esta noche he leído dichos textos. El columnista ya me había sugerido que quizás sus críticas no fueran las que yo esperaba. Acabo de corroborar que no:

  • En Los que creen y tiemblan, del pasado sábado, escribe del "sacrilegio" de Somosaguas: "Esas ménades que se desnudaron ante un sagrario tienen mucha más conciencia de lo sagrado que muchos católicos que pasan ante el sagrario como quien pasa ante un armario (o en todo caso ante un semáforo, por aquello de la lucecita roja) y que comulgan de forma indecorosa. Y mucha más conciencia también, por cierto, que los eclesiásticos que dejan que hordas de turistas se paseen en pantalón corto por las iglesias, como se pasearían por una feria de muestras, y que permiten que sus feligreses comulguen de forma indecorosa. Esta pérdida del sentido de lo sagrado es un triunfo mucho más regocijante para los que creen y tiemblan que el numerito de las ménades en la capilla universitaria".

  • En Apocalipsis y energía nuclerar, de este lunes, sostiene que ya ni los curas se atreven a difundir el último de los libros de la Biblia: "No me extraña, pues, que Oettinger, al atreverse a invocar el Apocalipsis y a poner «en manos de Dios» el destino humano, haya provocado que tirios y troyanos se pongan como la niña del exorcista; pues es algo que ya no se atreven a hacer ni siquiera los curas, no sea que los inmolen en el altar del Progreso Indefinido". 

Pues no, me temo que las críticas no iban encaminadas hacia donde yo quería. Ni siquiera estoy de acuerdo con ellas. La pena es no haberlas leído antes para haber debatido en clase. La próxima vez, haré los deberes. Hay que salir leído de casa... Lección aprendida.

2 comentarios to “La lección de Juan Manuel de Prada”

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    22 de marzo de 2011, 16:23

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    25 de marzo de 2011, 3:13

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