domingo, 20 de marzo de 2011

Así pregoné con voz joven (hoy hace un año)

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Hace un año me subí al altar de San Pablo para pregonar con voz joven la Semana Santa que llegaba. Recupero ahora un texto que escribí pasados unos meses: Hoy pensé en aquella entrañable media hora en la que desnudé el texto que con tanto mimo había amasado a escondidas. Quiero narrar ahora lo que rodeó a aquel acto que el bueno de Álvaro me regaló. Las semanas previas, los días, e incluso, los minutos. Los miedos y las satisfacciones.

 * Un instante del pregón joven 2010. Foto: Carlos Villasante

La cortina de la invitación a ser pregonero joven de la Pasión salmantina se descorrió en una conversación de Messenger –como buenos chavales– en el otoño de 2008. Y, aún sin saber en realidad por qué, les confié el secreto, aunque no lo fuera tanto, a tantas personas como horas está en la calle Jesús Rescatado el Viernes Santo.

Tan sólo condicioné mi disposición a ser el pregonero, si es que un renacuajo podía permitirse el privilegio de poner condiciones, a elegir el enclave del momento: el templo en el que fui bautizado, junto a las tallas del Cristo y de la Virgen a cuyos pies nació mi vena cofrade. Su párroco, Marino, no pudo ser más acogedor.

Desde entonces, me prometí no escribir mi pregón hasta los días previos a la fecha elegida para su pronunciación, que finalmente recayó en el 20 de marzo de 2010. Pretendía que el texto llegara casi en caliente al instante que debía protagonizar. Sin embargo, la promesa fue inútil puesto que, pese a que fue entonces cuando lo puse por escrito, durante los meses anteriores lo fui escribiendo en mi cabeza.

Las ideas iban llegando a cuentagotas en los minutos previos al sueño, en transbordos en el metro en Madrid, en mis mil y una travesías hacia casa en Auto-Res, en cientos de viajes a las musarañas, siempre con un papel a mano para no olvidarlo.

El resultado fue una introducción en la que parafraseaba el discurso con el que arranca la navideña Misa del Gallo, seguía con un homenaje a los pregoneros que lo fueron y un mensaje a los jóvenes cofrades fundamentado en la sal y la luz evangélicas. Alenté, desde mi semanasanterismo más interior a poblar las calles hasta a Miguel de Unamuno y me emocioné con los agradecimientos, que culminaron en un Padre Nuestro cofrade.

Titulado Tras la luz, que es la cruz a la que sigo en la vida y en mi procesión, en la que enmarqué mi pregón, el texto quiso anudarme la garganta –pese a las tantas veces que lo había ensayado en el local de la Tertulia– al volver la vista al cielo para recordar a mi padre y dedicárselo a la mejor nazarena del mundo, mi madre.

Me acompañaron muchos amigos, con sorpresa incluida de los muchos que vinieron desde Madrid a sabiendas de la importancia que para mí tenía el día. Dicen que fue emotivo. Muchos lloraron. No era esa mi intención. La presentación, como no podía ser de otro modo, se la cedí a Javi, maestro y amigo, y antes de subir al estrado, quise escuchar los acordes de La Saeta en las cuerdas de los violines del cuarteto Arpeggione. Lo que vino después, podéis leerlo aquí.

2 comentarios to “Así pregoné con voz joven (hoy hace un año)”

  • 23 de marzo de 2011, 16:03
    Lucano says:

    Fue un rato delicioso, Abraham. Suerte la de quienes estuvimos en San Pablo. Gracias por compartirla aquí y ahora.

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  • 23 de marzo de 2011, 16:22
    ACocoB says:

    ¡Gracias, Tomás! :)

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