lunes, 7 de febrero de 2011

Las lágrimas de Moratón o por qué Cano debe seguir

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Que Moratón esté a punto de llorar cuando los periodistas le preguntamos por la nefasta racha que atraviesa la UDS, minutos después de haber perdido su noveno partido consecutivo, extraña. Es un defensa de corazón racinguista, que sobrepasa la treintena y ha llegado a Salamanca en el ocaso de su carrera. Pero llora. Con su casi uno noventa llora.

También lo hace Bernabé, el paciente portero que calienta banquillo sin protestar. Al terminar el encuentro ante el Tenerife, enfilaba el túnel de vestuarios con el rostro cubierto por su camiseta. Ocultaba las lagrimas que ilustrarían las crónicas el día después. Le consolaba Óscar Cano, el entrenador para el que apenas cuenta. Bernabé, como su compañero Moratón o Yuste, defendió con buenos argumentos a Cano, al que la inercia de lo que se suele hacer en estos casos le sitúa en un alambre cada vez más tenso.

 * Moratón, sobre el césped al final del partido ante el Tenerife. Foto: Morgan

Pero lo cierto es que pese a no haber sumado ni uno solo de los últimos veintisiete puntos, la afición no pide ni la dimisión de Cano, ni mira al palco para que lo empuje. Ni siquiera se escuchan apenas silbidos. Y eso significará algo. Con semejante respaldo, es demagógico que la prensa local invente debates. Yo también apoyo a Cano. Y no lo hago de manera irracional. Este Salamanca no juega como el de David Amaral o Juan Ignacio Martínez. Tampoco como el de Javi López, pero es que no tenemos un Braulio ni un Vela ni nada que se la parezca.

El juego no salva al equipo y sí le condenan, en cambio, sus errores puntuales a balón parado, la falta de intensidad (¡ay, si todos le pusieran las ganas de Kike López!) y la pérdida de concentración que ha costado ya muchos puntos. Los propios jugadores reconocen que ensayan algunos de estos aspectos "mil horas" y luego no lo despliegan sobre el césped. "Cano no puede entrar a defender los córners", decía uno.

Además, el bolsillo blanquinegro no está para descosidos. Tanto, que el granadino tuvo que rascarse el suyo el pasado verano para romper su vínculo con el Real Jaén. Ahora, su recambio no podría buscarse fuera con una arcas tan pobres. Tendría que ser el director deportivo quien cogiera las riendas. Y no es lo más recomendable.

Jorge D'Alessandro ya ha avisado de que él no está disponible, por si alguien pensaba que el Gordo volvería a ser el revulsivo tras salvar la pasada campaña al equipo en la última jornada. Y dudo que Pablo Zegarra, el segundo entrenador, quisiera ponerse al frente. Al menos, no debería. A buen seguro tiene en mente la situación que vivió hace un año Sito, el segundo de Oliva, cuando cogió al equipo en una situación similar.

Es cierto que Cano no da con un once titular y que sus continuos cambios parecen evidenciar que no sabe muy bien por dónde tirar, pero y quién lo sabría cuando ninguno parece funcionar. Cabría pensar entonces cuál es la medida exacta de esta UDS, construida -y a mucha honra- a base de remiendos: de jóvenes aún por demostrar que la Segunda no les queda grande y en los que otros no se habían fijado; de veteranos que aceptan una rebaja salarial a cambio de minutos; y de lo que otros clubes de la categoría no quisieron.

Es nuestro sino, la única forma -dicen- de asegurar el futuro y reducir la deuda. Eso o un jeke árabe que ponga las pelas, pero nos deje tranquilos. ¿Algún voluntario?

2 comentarios to “Las lágrimas de Moratón o por qué Cano debe seguir”

  • 7 de febrero de 2011, 2:38
    Lucano says:

    Este sábado me tuve que quedar en casa por enfermedad, así que me disgusté por la radio, pero coincido contigo. Confío aún.

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  • 7 de febrero de 2011, 6:34
    ACocoB says:

    La esperanza es lo último que se pierde. Y más si eres unionista. ¡Recupérate!

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